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LA DECADENCIA NO EMPEZÓ AYER, NI SIQUIERA EN ESTE SEXENIO

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Pedro Ferriz de Con

La decadencia no empezó ayer, ni siquiera en este sexenio. Hemos navegado en aguas turbias por muchos años. La corrupción, el abuso, la injusticia, la impunidad y la burla a los más débiles han sido olas que constantes, chocan contra el casco de esta enorme embarcación llamada México. A veces soplando vientos que alivian el embate… a veces tormentas que nos pegan sin piedad, las olas de nuestros males nos han hecho tambalear.

Bien que mal, la ruta se ha seguido. O cerca del paraíso o del precipicio de un horizonte incierto, asomamos la esperanza o el terror apuntado en la bitácora de los siglos.

Aunque guerras, revueltas, persecuciones o inquisición nos han golpeado, mantenemos a flote nuestra frágil estabilidad. Guerras que lograron independencia. Revueltas que tumbaron dictaduras. Persecuciones que afirmaron la fe e inquisiciones que destaparon enemigos encubiertos bajo el cobijo de una falsa santidad.

Hasta aquí, la historia ha sido soportable. Cargada de sufrimiento y dolor, pero soportable al punto que el enorme barco sigue gracias al sudor de los buenos marineros.

De súbito encallamos. El casco se atora en un banco de arena. El momento aprisiona la esperanza sin poder reaccionar ante el apremio. La economía, parada. La ley, pisoteada. La sociedad harta y deprimida. Confusión luego del golpe que anunció el atorón.

Más pobres soportan a una tripulación vilmente enriquecida. Crece el rencor. La democracia se deforma ante un espejo de trampa y simulación. El engaño se cuela en la información y esconde la emergencia. La desconfianza construye sordas divisiones que nos apartan. Hay los de primera… segunda… tercera y galeras, hacinados en insoportable calor.

Violencia expresada en densas columnas de humo negro, vehículos en llamas, artefactos desplomados a fuerza del fuego. Ciudades enteras en completo descontrol. Gobernantes lívidos, solo capaces de expresar profunda indignación.

Hemos escuchado al Presidente reiterar que México es un país que está en paz. Subraya que se puede invertir y las condiciones están dadas para auspiciar el desarrollo.

Aunque después de Guadalajara, no ha hecho comentarios ni actos de presencia. Imposible pararse enfrente de una ola que hasta ausente arrolla su imagen. Sus intentos de documentar el optimismo fracasan cuando se aparta intransigente de otras opiniones. El formato está condenado: Yo mando. Yo dispongo. Yo decido. Yo soy la ley y el Estado.

Esta semana que terminó, nos dejó inquietos. “El Estado de Lagos de Moreno y el de León” más que indignados por su ignorancia, nos preocupó. ¿Estará enfermo? ¿Necesita ayuda más que critica? ¿Es apto para gobernar? ¿Qué más veremos? ¿Será prisionero de un círculo perverso? ¿Acabará su sexenio? ¿Y si es así, sería más caro el remedio? …y la mayor de las dudas; ¿Realmente Enrique Peña Nieto ama a México por encima de su ambición? Son preguntas que nos hacemos del Capitán del barco.

Tu y yo estamos abordo. No somos gente que se da por vencida. Claudicar no es siquiera digno de considerarse. Aunque las balas nos rozan.

“Don Pedro”, me dice Emmanuel, empleado de la casa, “le quiero avisar que acabando el mes dejaré de trabajar aquí. Me voy a Estados Unidos. Un compadre me recibirá en Florida. Tengo dos hijos. Quiero crecer. Sé cómo están las cosas. Lo comprendo”… Me quedé mudo.

¿Cuántos más se querrán bajar del barco, ahora encallado y con un Capitán confundido?

Vienen las elecciones. Todo ciudadano tendrá una voz. Es momento de sacar la casta. Aporta, opina, decide, impulsa con inteligencia, lo que te toca. La revolución del intelecto es la opción que no espera. México merece compromiso y extenuante esfuerzo. Ha llegado el momento.

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