Un pequeño robot desciende lentamente al agua atado a una cuerda amarilla. Un oficial de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, en inglés) se encarga de bajarlo mientras otro lo agarra desde la cintura para evitar que caída al muelle. Y un tercer agente sostiene un control remoto.
En cuestión de segundos, el dispositivo se sumerge al agua, prende dos luces y comienza a recorrer el casco (parte inferior) de un enorme barco de carga, un lugar donde el ojo humano no llega con facilidad.
Así es como oficiales de la CBP combaten todos los días una práctica de narcotráfico que ocurre con mucha frecuencia: ocultar drogas adheridas debajo de los barcos.
“Las personas que están manejando el barco no saben que otra persona le haya puesto algo debajo del barco”, explicó a Listín Diario el oficial de CBP Pablo Díaz, supervisor de Aduana.
“Muchas veces hemos encontrado bastante contrabando pegado del barco y esas son áreas que uno no puede inspeccionar rutinariamente mirando el barco”, agregó.
Centro económico
La demostración del robot tuvo lugar en Port Everglades, Fort Lauderdale, Florida, uno de los principales puntos de entrada marítimos de Estados Unidos y uno de los centros económicos más importantes del sur de Florida.
En el año fiscal 2024, Port Everglades movilizó casi 1.2 millones de contenedores de 20 pies, ubicándose como el segundo puerto con mayor volumen de carga en Florida. El primero fue el puerto de Jacksonville, según datos presentados por CBP.
Periodistas latinoamericanos visitaron las instalaciones como parte de un programa de cobertura sobre inmigración organizado por el Departamento de Estado estadounidense y la firma de periodismo Inquire First.
Allí, los agentes mostraron cómo utilizan robots submarinos, perros detectores de drogas k-9 y sistemas avanzados de rayos X para localizar actividades ilícitas en cargas marítimas.
Un robot que reemplaza a buzos
El oficial Díaz explicó que el robot permite realizar inspecciones mucho más rápidas y seguras en comparación de buzos profesionales.
“Ahora no necesitamos tantos equipos como buzos y un equipo más grande de personas para que entren en el agua. Muchas veces eso nos demora la inspección”, dijo a este diario.
Cada minuto cuenta en el puerto, según el oficial, por lo que la prioridad es revisar los barcos sin retrasar sus operaciones.
“Queremos hacer la inspección lo más rápido posible y más eficiente. Cada minuto, cada hora, es un costo”, añadió Díaz.
El robot, aunque pequeño, puede realizar el trabajo que antes requería un equipo de al menos cinco buzos.
Es capaz de descender más de 200 metros y explorar la estructura sumergida del barco mientras el buque permanece atracado.
Desde el control remoto, con una pantalla en el medio, el oficial federal observa la estructura del barco. Si detectan algún elemento extraño proceden a un operativo más exhaustivo.
El objetivo principal de esta tecnología es detectar narcóticos escondidos bajo el casco de los barcos. Según Díaz, los contrabandistas suelen adherir paquetes de droga en la parte inferior de las embarcaciones sin que la tripulación lo sepa.
Los paquetes se fijan a la estructura metálica y permanecen ocultos durante el recorrido marítimo. Una vez el barco llega al puerto de destino, buzos ingresan ilegalmente al agua para recuperarlos.
“Hay buzos que pueden venir cuando el barco está desembarcando, entrar de manera irregular, sacar ese tipo de mercancía y salir”, señaló.
Díaz aseguró que este método de contrabando se ha detectado en numerosas ocasiones.

El objetivo es revisar los barcos sin retrasar sus operaciones.LISTÍN DIARIO/
“Han ocurrido bastantes casos así. Siguen ocurriendo, lamentablemente”, dijo a este diario, sin ofrecer datos de incautaciones de drogas bajo ese modelo inspección.
El puerto de Fort Lauderdale maneja más de un millón de contenedores al año. Esa cifra lo ubica entre los diez puertos más activos de Estados Unidos en movimiento de carga.
Gran parte de las mercancías llega desde América Latina y el Caribe.
Los operativos antinarcóticos, de contrabando de armas o municiones y mercancías falsificadas se realizan de manera constante y se ajustan según la procedencia de los barcos o el tipo de carga.
“Amenaza hay en todos los sitios”, advirtió Díaz. “No puedo decir que la amenaza solamente viene de un sitio. Puede venir de cualquier país”.
