La palabra escuela, como la conocemos hoy en día, dista mucho de lo que concibieron los griegos en la antigüedad.
Su significado era “ocio” o “tiempo libre”. Precisamente lo que busca devolver a la enseñanza la catedrática de Harvard Doris Sommer con el protocolo pedagógico Pre-Textos, una metodología, reconocida por la Unesco como “Educación para la paz”, que fomenta la lectura, el pensamiento crítico y la creatividad a través de las artes, que aplica tanto para educación básica, media y superior.
Un protocolo que, entre otras cosas, pone al estudiante en el centro de su aprendizaje y los maestros fungen como facilitadores de la enseñanza, sin condicionar o limitar la creatividad de los alumnos.
“Si siguen haciendo lo que les gusta con un texto, podrán dominar el texto”, destacó Sommer al conversar con periodistas de Listín Diario en el Instituto 512, donde participó en la Semana de Promoción de la Cultura Lectora.
Este protocolo, que se aplica en varios países a nivel mundial, entre estos China e India, se divide en cinco partes, siendo el primero escuchar el texto; el segundo hacer y responder preguntas; el tercero hacer arte para interpretar el texto; el cuarto reflexionar sobre el proceso y por último, irse por las ramas para fomentar la curiosidad.
Con esto, la maestra Sommer plantea que los estudiantes puedan hacer un baile, diseñar disfraces, cantar o hacer pantomimas con un texto como materia prima para su aprendizaje, sin importar si es de ciencias o matemáticas.
“Entonces cuando decimos ligeramente que hay que poner al estudiante en el centro de su aprendizaje y no sabemos cómo, pero pre-texto si sabe y deja que el niño decida si van a cantar o bailar o hacer pantomima, diseñar disfraces, y cuando uno hace algo con un texto y utiliza un texto como materia prima, ¿quién está al control? El texto o uno, entonces, ponemos siempre al estudiante en el centro de su aprendizaje porque es artista”, expresó la catedrática Ira y Jewell Williams de Lenguas y Literaturas Románicas y de Estudios Africanos y Afroamericanos en la Universidad de Harvard.

Doris Sommer, catedrática de Harvard.Fuente externa
Asimismo, señaló que la puerta de entrada al aprendizaje no debe ser el conocimiento, sino la ignorancia, una que les permita a los estudiantes realizar preguntas y mantener vivo el sentimiento de curiosidad propio de quien conoce algo nuevo.
“Si uno piensa que lo ha entendido cabalmente, es que no ha leído bien, no ha interiorizado con el texto, porque somos víctimas de esa consigna de no hacer preguntas, entonces suavizar esa resistencia de no hacer preguntas es parte del desafío de capacitar a los maestros en pre-textos”, señaló.
Para implementar una metodología como esta en países latinoamericanos, hay varios retos, siendo el principal la barrera de las autoridades para que metodologías artísticas guíen la enseñanza, por lo que sugiere implementar planes pilotos en escuelas y liceos para medir de manera cuantitativa y cualitativa su efectividad.
El otro reto es pensar que los recursos o la solución están fuera, ya que metodologías como pre-textos solo ponen a trabajar la creatividad del estudiante, sin necesidad de grandes presupuestos.
“Otro paradigma que hay que romper es pensar que las soluciones vienen de fuera, cuando los recursos son locales (…) poner en valor las prácticas culturales creativas en el Caribe, lo que hay que cambiar es la visión de que lo mejor es extranjero y no de aquí”, dijo.
Asimismo, es importante que el entorno sea favorable para que los estudiantes puedan desarrollar sus capacidades.
Cultura lectora
La Semana de Promoción de la Cultura Lectora se realizó del 16 al 20 de marzo en el Instituto 512, en la que participaron 187 docentes de todos los distritos educativos, donde vivieron experiencias formativas con charlas y a través de tres estaciones metodológicas: gamificación lectora, clubes de lectura enriquecidos y creación de recursos didácticos.
Con esto, la institución, que es aliada del Ministerio de Educación de la República Dominicana (Minerd), busca exponer a los educadores a la lectura como una práctica activa, creativa y replicable en contextos escolares.
Estos 187 maestros forman parte del Modelo Faro, integrado por la misma cantidad de centros educativos de nivel inicial, básico y medio. A través de este modelo, el Instituto 512 busca que estas escuelas se conviertan en referentes de calidad con aprendizajes significativos para los niños y niñas.
