El miedo se abre paso en la frontera: una grieta amenaza el puente que une a dos naciones en Dajabón
Por Javier Genao
Dajabón.–Una grieta visible, profunda y silenciosa se ha convertido en motivo de angustia diaria para comerciantes, choferes y ciudadanos que transitan por el puente fronterizo que conecta a República Dominicana con Haití, en el paso fronterizo de Dajabón.
Lo que para algunos podría parecer una simple fisura en el concreto, para quienes cruzan ese puente todos los días representa una amenaza latente. Dueños de patanas, conductores de camiones y pequeños comerciantes aseguran que el temor los acompaña en cada cruce, con la sensación de que el puente podría ceder en cualquier momento.
“Cada vez que pasamos sentimos que estamos arriesgando la vida”, Rubén Pierre expresa con preocupación como transportistas que dependen de este paso para llevar el sustento a sus hogares. El puente no solo es una vía de tránsito: es la columna vertebral del comercio binacional, el punto de encuentro de dos pueblos que sobreviven del intercambio diario.
La situación se torna aún más crítica con el inicio de la temporada de lluvias. Los comunitarios advierten que el aumento del caudal del río y el deterioro progresivo de la estructura podrían provocar un colapso de consecuencias incalculables, especialmente en los días de mercado binacional, cuando más de 15,000 ciudadanos haitianos cruzan hacia Dajabón para realizar actividades comerciales.
Ante el peligro, comerciantes y transportistas han elevado un llamado urgente a las autoridades del Ministerio de Obras Públicas de la República Dominicana y a las autoridades correspondientes del lado haitiano, solicitando una inspección técnica inmediata y acciones concretas que eviten una tragedia anunciada.
Aunque varias comisiones gubernamentales han visitado la zona tras los reclamos difundidos por distintos medios de comunicación, los denunciantes aseguran que hasta el momento no se han tomado medidas visibles ni soluciones definitivas. El tiempo pasa, la grieta crece y el miedo también. Lo preocupante es que todos los días está cubierta por piedras que se desmoronan en cuestión de horas.
“La frontera no puede esperar a que ocurra una desgracia para actuar”, advierten líderes comunitarios, quienes insisten en que una falla estructural en este puente no solo pondría vidas en peligro, sino que paralizaría el comercio y agravaría las tensiones económicas y sociales entre ambas naciones.
Mientras tanto, cada cruce es una apuesta. Cada camión que pasa, un suspiro contenido. Y cada día sin respuestas, una alarma que nadie debería ignorar.
